Desde sus inicios como destino de descanso junto al mar, las ramblas de Mar del Plata se convirtieron inicialmente en un escenario de prestigio social donde era común ser visto y fotografiado, evolucionando luego hacia un espacio inclusivo y altamente reconocido a nivel nacional.

Hablar de las distintas ramblas a lo largo de la costa de Mar del Plata es referirse a momentos clave que marcaron el desarrollo urbano de la ciudad hasta la actualidad. La idea original de Patricio Peralta Ramos en 1874 dio paso, apenas 14 años más tarde en una época donde el turismo de playa estaba en sus albores, a la creación de la primera rambla.

La Primera Rambla

La responsabilidad de construir el primer complejo balneario recae en Félix Menvielle, quien era el gerente del Grand Hotel de Pedro Luro en aquel momento.

Las primeras instalaciones se asentaban justo sobre la arena, detrás de la marca de la marea alta, sobre un ligero relieve. Se cree que la primera pasarela se formó al alinear plataformas de madera de aproximadamente tres metros de ancho frente a los baños, conectando así los balnearios San Sebastián y La Estrella del Norte, ambos inaugurados en 1888.

Además, se construyeron rampas para facilitar el acceso a la orilla del mar.

La popularidad de las playas comenzó a crecer notablemente con dos eventos significativos: la llegada del ferrocarril el 26 de septiembre de 1886 y la apertura del Bristol Hotel el 8 de enero de 1888.

Lo que hoy conocemos como la Rambla Primitiva podría considerarse el antecedente directo de las sucesivas construcciones en la misma ubicación, conocida como Playa Bristol, y más adelante, en Playa La Perla. Desafortunadamente, un temporal en 1890 destruyó esta estructura inicial.

La Rambla Pellegrini

Bajo la presidencia de Carlos Pellegrini, quien mostró gran entusiasmo por Mar del Plata, se organizó una colecta en Buenos Aires para financiar la construcción de una nueva rambla. En honor a su promotor, esta estructura recibió el nombre de «Rambla Pellegrini» por parte de los visitantes y se inauguró en la temporada de 1890/91.

Diseñada por el ingeniero Julio Figueroa, esta rambla tenía una estética que recordaba a las construcciones del lejano oeste, extendiéndose por 250 metros. Las casillas para los bañistas se alineaban hacia el interior, mientras que hacia el mar se desplegaba una plataforma de unos cinco metros de ancho.

Para 1893, el número de estas casillas había aumentado significativamente, destacando algunas por su belleza, diseñadas por expertos como John Wright de Liverpool, con techos a dos aguas y detallados trabajos en las barandas, donde se solían colgar toallas y trajes de baño.

Como curiosidad, cabe mencionar que en 1888, debido a las quejas de distinguidas damas por el comportamiento de algunos caballeros en la playa, el presidente Miguel Juárez Celman promulgó un Reglamento de Baños que, entre otras normas, exigía el uso de trajes de baño que cubrieran completamente el cuerpo desde el cuello hasta la rodilla.

Asistencia y Entretenimiento en las Primeras Ramblas

En aquellos tiempos, el número de empleados al servicio de las familias de Buenos Aires era notable. Mayormente inmigrantes, se ocupaban de preparar y organizar todo lo necesario para un día de playa, además de contar con lavanderas y asistentes que facilitaban el proceso de cambiarse antes y después del baño, ofreciendo mantas a la orilla del mar para abrigarse al salir del agua.

Los establecimientos a lo largo de la rambla ofrecían una variedad de servicios y entretenimientos. Surgieron confiterías, estudios fotográficos, jugueterías, joyerías y puestos de grabado de medallas, así como la venta de tarjetas postales y los primeros kinetoscopios, antecesores del cine.

Un simple puente permitía superar la diferencia de altura entre la rambla y la calle Buenos Aires.

La Rambla Pellegrini, con sus 800 metros de extensión, permaneció hasta que un incendio la destruyó el 8 de noviembre de 1905. El diario La Nación, al informar sobre el suceso, recordó que aquel lugar había sido el corazón vibrante de la vida en Mar del Plata, donde la melodía del mar, la brisa suave y la belleza y elegancia de las damas de Buenos Aires se fusionaban.

La Rambla de La Perla

La Rambla Norte, así denominada por su ubicación al norte del centro, albergaba los balnearios La Estrella Argentina y San Sebastián. En 1892, se inauguró el hotel de madera La Perla, nombrando así al barrio y sus playas.

Este sector atraía a una población diferente a la de las playas centrales; mientras que la élite de Buenos Aires frecuentaba el centro, La Perla era el punto de encuentro de inmigrantes trabajadores en busca de progreso.

La proximidad al mar y los acantilados traseros presentaban ciertos riesgos, pero ofrecían un paisaje familiar para los inmigrantes.

Historiadores señalan que algunas familias inmigrantes vivían en las casillas de esta rambla durante el año, preparándose para servir a los turistas en verano. Se registraron varios nacimientos en el lugar, marcando el inicio de una generación de nativos marplatenses.

Desde su inicio, La Perla se distinguió del centro por un ambiente social más informal y una vestimenta más relajada, llegando a ser considerado un lugar idóneo para aventuras más audaces.

La Rambla Lasalle

Construida en tan solo dos meses en 1906, la Rambla Lasalle debe su nombre a José Lasalle, un empresario del juego proveniente de una localidad cercana a Biarritz, con experiencia en ciudades como San Sebastián. Traído a Argentina por Pedro Luro, Lasalle amasó una fortuna introduciendo la ruleta en el Bristol Hotel.

La Rambla Lasalle se extendía aproximadamente 400 metros y presentaba un diseño más organizado y estético que sus predecesoras. Contaba con instalaciones balnearias que ofrecían tanto agua de mar fría como caliente. Entre sus establecimientos destacaba el Palacio de las Novedades, un imponente edificio de tres niveles que albergaba una pista de patinaje, un cine, una confitería y un área de juegos.

Inicialmente, la rambla abarcaba 100 metros de largo por 40 de ancho, desde la calle San Martín hacia el sur, y estaba compuesta por cuatro pabellones principales, ubicados en los extremos y frente al mar.

Se caracterizaba por una rica decoración que incluía ménsulas, cenefas ornamentadas, cruces de San Andrés y otros elementos decorativos típicos de la época. Una galería perimetral conectaba los diversos elementos del complejo, que se extendía hacia los lados con más balnearios, tiendas y viviendas particulares.

En su extremo sur, se encontraba el cine Lepage, que operaba en un gran galpón con techo de chapa de zinc y ofrecía proyecciones de películas mudas. Además, contaba con una piscina de natación construida enteramente en madera situada en el patio central, así como algunos apartamentos que se asemejaban a las tradicionales casillas de baño.

La existencia de la Rambla Lasalle concluyó en 1912 con los planes de construir una nueva rambla de mampostería.

La Elegante Rambla Bristol

El 13 de enero de 1911, la Comisión de la Rambla de Mar del Plata aprobó unánimemente una propuesta de Adolfo E. Dávila, miembro de la comisión, financiada por un préstamo de 7 millones de pesos otorgado por el Banco Español del Río de la Plata.

El inicio de las obras de la Rambla Bristol se marcó con la colocación de la primera piedra el 2 de marzo de 1911, bajo la dirección del arquitecto francés Luis Jamin y la ejecución de la empresa Castello y Piquerez. El ingeniero Carlos Agote, formado en la Ecole des Beaux Arts de París y diseñador del Club Mar del Plata, también contribuyó al proyecto.

Esta nueva rambla se destacaba por su extenso edificio de 400 metros de longitud y 45 de ancho, compuesto por tres secciones. La terraza frente al mar se abría a una galería sostenida por columnas dobles, mientras que el pórtico hacia la ciudad presentaba arcadas apoyadas en pilares. El diseño del primer piso evocaba algunas calles del París de finales de siglo, especialmente la Rue Rívoli, con dos cúpulas en cada extremo de las escalinatas, mirando hacia el mar y la ciudad.

Inaugurada el 19 de enero de 1913, la Rambla Bristol se convirtió en un símbolo de La Belle Époque en Mar del Plata, conocida en aquel entonces como la Biarritz de Argentina.

La rambla albergaba una amplia gama de servicios, incluidos balnearios, tiendas, confiterías, clubes y cines. Entre ellos se encontraban la confitería La Brasileña, el Ocean Club, los balnearios Giaccaglia y Zárate, la confitería del Yacht Club y el Salón Witcomb, sumando en total alrededor de 150 espacios comerciales e institucionales.

Como legado de las ramblas previas, se mantuvieron varias casillas tanto al norte como al sur, dando origen a lo que más tarde se conocería como el barrio chino, construidas principalmente en la década de 1930.

Reflexiones sobre la Demolición

Cuando se habla de derribos, es común escuchar críticas sobre la destrucción de la Rambla Bristol, citada a menudo como un ejemplo de la falta de aprecio de Mar del Plata por su herencia arquitectónica. Es indiscutible que la ciudad ha desatendido la conservación de su legado arquitectónico, aunque este caso fue una excepción notable.

La demolición de la Rambla Bristol se justificó inicialmente por su ubicación inadecuada, la cual no resistía el embate del mar. Desde la década de 1920, era habitual que las olas golpearan directamente el edificio, un problema agravado por su proximidad al océano y la alteración de los flujos de arena tras la construcción del Puerto en 1912, que despojó de arena a las playas centrales.

Otro factor fue la visión del gobernador Manuel Fresco, quien, junto al ministro de Obras Públicas José María Bustillo, impulsaba un enfoque renovador en la infraestructura pública.

El proyecto inicial fue el Casino, a cargo de la Comisión Pro Mar del Plata, cuya construcción comenzó en 1938 y concluyó en 1941. El Hotel Provincial se inauguró en 1946, aunque el complejo completo se finalizó en 1950, bajo la dirección del arquitecto Alejandro Bustillo, hermano de José María.

Alejandro Bustillo descartó la idea de una rambla meramente funcional y diseñó dos edificios imponentes, preludiando la era del turismo masivo. La decisión de demoler la antigua rambla fue suya, argumentando que así se ahorraba en la adquisición de terrenos.

La elección de materiales como piedra, ladrillo y pizarra, junto con un diseño neoclásico, confirió al complejo una estética atemporal. La construcción tuvo un impacto urbano significativo, llevando a algunos a describir su arquitectura con tintes de grandiosidad autoritaria.

En la década de 1950, se implementaron regulaciones municipales para armonizar el entorno de la rambla con materiales similares. La demolición posterior de la manzana 115 mejoró la integración urbana del complejo, cumpliendo con la visión original de Bustillo.

Hasta la fecha, ningún símbolo ha representado tan icónicamente a Mar del Plata como el complejo Rambla Casino, destacando los lobos marinos de José Fioravanti, esculpidos en piedra local por Janez Anton Gruden, emblemas indiscutibles de la ciudad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *