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El baile del tango, definiciones, formas, como aprender. PARTE 0

INTRODUCCION

EL BAILE DEL TANGO, DEFINICIONES, FORMAS Y COMO APRENDERLO

Naturalmente el  humano, en sus fuertes sentimientos, en el abrazo transmite sus emociones, personas se abrazan en el encuentro y despedida de un ser querido, en el amor, en la tristeza, en la alegría,  esto es EL ABRAZO en el humano es un ademán natural de contención, protección, confianza, salud, conexión y transmisión. El tango deja este abrazo entre 2 personas que al moverse al son de una increíble música, genera lo que muchos llaman “la magia del tango. El tango es un sentimiento que se baila (Dicepolo)

Presentación.

Ya antes de exponer conceptos, cabe aclarar que expondré mi opinión basándonos en mis conocimientos y experiencia de haber bailado en las milongas de Buenos aires (y del planeta) de forma ininterrumpida a lo largo de una gran parte de mi vida con un promedio de 4/5 veces a la semana y  múltiples años como enseñante. Cálculo matemático por el medio, equivale a haber bailado todos y cada uno de los días a lo largo de diez años,  cinco horas al día.

Formas de baile: Y también xisten 2 definidas y distintas:

1) El Baile de exhibición para Espectáculos, donde los bailarines exhiben habilidades para las personas que los observan.

dos) El baile popular, social,  llamado conforme su estilo tango salón, pista o bien milonguero. Se baila en las milongas.

EL BAILE SOCIAL Y POPULAR DEL TANGO

La oración de definición que me acompaña a todas y cada una unas partes del planeta y la pongo en práctica cuando bailo, tiene como título “Las Majestades del Tango”: El príncipe es El Abrazo, la princesa es la Improvisación, la reina es La Musicalidad y el rey es El sentimiento

Conceptos

El otro sexo define quien es buen bailarín. Danzar bien no es únicamente verse bien. Es amoldarse mutuamente para gozar y finalizar el baile con el excelente placer de la satisfacción.

Los bailarines se sienten entre sí, no pueden verse sus piernas, pies ni cuerpos. Entonces, los vistosos movimientos  cautivan a personas que miran. El movimiento a ritmo, una buena conexión pasional y un buen y permanente abrazo cautiva al compañero. El propósito es que el compañero te sienta bien, quien probablemente charlará de ti en la milonga y te va a ir definiendo como buen bailarín/a.

En mi opinión, defino 2 formas de danzar en la milonga: 1) para mostrarse dos) para el compañero.

PARA MOSTRARSE PARA EL COMPAÑERO
Se piensa en verse bien, la psique esta en los movimientos del cuerpo. Se piensa en nada, con la psique en la pareja y escuchando la música
Se baila para el público que ve. Se baila para la pareja.
La pasión es por los movimientos, para lucirse, para hacerlo vistoso, por la técnica. La pasión es como el del amor, se baila con el corazón.
El abrazo es pero templado y juega un papel secundario. El abrazo es principal y mágico. Deja la conexión entre las 2 ánimas.
La seducción es para los espectadores y después para la pareja. La seducción es para la pareja.
La conexión es principalmente para la coordinación de los movimientos, pasos, etcétera La conexión es de sentimiento esencialmente y tras movimientos.
Se baila un tango para mostrarse. Se baila un sentimiento.
Mi sugerencia es definirse cuál es el objetivo: 1) danzar para mostrarte importándote las miradas del resto  dos) danzar para sentir, para intercambiar corazones, sin importar lo más mínimo el resto de las personas.

Si eliges 1 , en mi opinión deberías tomar clases de tango en una escuela de tango con orientación para danzar para mostrarte, con mucha técnica. El maestro ideal son los que bailan tango exhibición (espectáculo), mas además de esto debes llenar el aprendizaje con la experiencia de los que bailan mucho en las milongas, puesto que,  cuando en una milonga alguien te escoja por de qué manera se te ve bailando en la pista, se va a llevar una decepción si no le cumples con su expectativa de sentirte tan bien como se te ve.

Si escoges dos, sugiero tomar clases para conseguir danzar sin meditar, mecanizar movimientos y conseguir una buena conexión sentimental. El enseñante ideal es el milonguero, el que tiene experiencia en danzar en las pistas y domina los espacios. En la milonga te escogerán por el sentimiento que transmites, por el abrazo y por comentarios de los que bailaron contigo. Sin embargo, sugiero tomar clases de técnica de exhibición de movimientos, para mejorar postura y movimientos y por el hecho de que en la milonga se escoge asimismo por de qué manera se te vé danzar.villa malcom

He visto que todos, sin salvedad pasamos por la etapa de aprendizaje, pensando en los pasos, las secuencias, las figuras, nos tensionamos, transpiramos, comprender la musicalidad, etcétera Acá es donde LA PACIENCIA cobra un rol esencial.

Cualquiera sea tu elección para aprender a danzar, es mi comprender que la meta sea llegar danzar relajado (sin tensiones) y sin sacrificios anatómicos, los dos bailarines utilizando el lenguaje del cuerpo, el hombre marcando con pretensiones anatómicos y la mujer siguiéndolas naturalmente. Así hay repuestas mutuas en la pareja.

Tomar clases de musicalización y oír mucho tango mejora el baile y cautiva a todos. Para danzar bien debes llevar el ritmo ineludiblemente.

Los hombres deben aprender a dominar la pista y  los espacios, conforme los códigos existentes. Por este motivo, no únicamente es suficiente saber danzar, sino más bien saber danzar en la pista. Un roce o bien  un golpe con otras parejas, en general estropea un hermoso baile.

A nivel personal prefiero, como a la mayor parte de los milongueros,  una compañera que sea «ligera», obediente para danzar, que responda a mis marcas, que se conecte conmigo, que me ame por los 3 minutos que dura el  tango y que tenga un bonito abrazo,  y no una mujer que se vea bonita cuando baila,  mas que la siento a desazón (se mueve sola, fuera de ritmo, preocupada por su técnica y los ornamentos ( no puedo verlos), luciéndose para los otros que miran, con abrazo frio o bien flojo y por sobre todo que no se conecte conmigo).

COMO APRENDER Y PRACTICARLO

El baile del tango requiere tomar clases y practicarlo en las pistas de las Prácticas y con amigos y compañeros de clases en las Milongas.

En el baile del tango absolutamente nadie tiene “la verdad”, cada profesor enseña diferente conforme sus conocimientos y cada persona baila como es, como lo siente y como su cuerpo le deja.

Para aprender y sentirse cada días un poco más motivado, recomiendo tomar clases con un enseñante que guste y haga sentir cómodo, dejando en segundo plano la manera de danzar de los  enseñantes, puesto que, bailarines buenísimos pueden no ser buenos enseñantes y buenos enseñantes no siempre y en todo momento son grandes bailarines.

Cuando no existen muchas posibilidades de elección de profesores, entonces, lo mejor es tomar de ellos solo lo que el estudiante le plazca, le guste y los movimientos que su cuerpo le deje efectuar.

Aprender secuencias, prácticamente jamás son aplicables en una milonga por carencia de espacio, y quien procura hacerlas generan roces en la pista molestando a las parejas y hasta llegan a infringir los códigos y costumbres milongueras, mas aprenderlas deja dar habilidad al cuerpo, adecuarse al abrazo con ignotos y extraer pasos individuales para acomodarlos en la milonga.

Recomiendo aprender los movimientos que el cuerpo deja hacer sin gran esmero y motiva regresar a clase. Los que se hacen con esmero anatómico, aparte de la posibilidad de dañar al cuerpo (en un largo plazo),  no se goza tanto, insentiva desamparar el aprendizaje y genera movimientos bruscos y toscos. Aprendí que el mejor baile es cuando mi cuerpo está lo pero naturalmente posturado y relajado.

Es esencial los ejercicios de cambio de peso y de equilibrio, aburren mas son indispensables.

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Sergio Vigil: ?Hoy Las Leonas tienen al gran maestro como técnico?

La tarde noche de ayer fue el escenario para un contacto especial de Sergio “Cachito” Vigil con nuestros lectores. El exentrenador de Las Leonas compartió pensamientos y sentimientos sobre el deporte que ama en una charla que tuvo a nuestra página (www.eltribuno.com.ar) como testigo.

De paso por nuestra ciudad junto a River Plate, Cachito no dudó en opinar de muchas cosas, entre ellas Las Leonas. “Este proceso de selección será muy interesante y muy lindo para vivir porque quien conduce actualmente este equipo es uno de los padres del hockey: Marcelo Garraffo. El fue y es para los varones lo que es Lucha (Aymar) para las mujeres. Hoy el «gran maestro’ es el entrenador de Las Leonas”, dijo, a la vez que resaltó: “Creo que Marcelo le aportará al equipo toda su sabiduría, valor cognitivo, valor humano y mucha paz”.

Sin dejar de lado la pretemporada que realizará con el equipo millonario hasta el domingo en Salta, Cachito brindó su análisis del hockey salteño. “Tengo un gran respeto por el hockey salteño, actualmente cuenta con el dos veces campeón de la Liga Nacional como lo es Popeye. Esto refleja la calidad de jugadores que existe y el desarrollo que se va logrando a nivel entrenadores. Además de una dirigencia comprometida”.

Entre preguntas y respuestas, Sergio Cachito Vigil visitó ayer nuestra redacción y dejó plasmado la esencia que pregona hace ya mucho tiempo.

“Si me hablan de sueños, yo todavía sueño con que el hockey sea un deporte popular en el que todas las clases sociales puedan tener acceso y que sobre todo sea respetado en el país. Si tuviera que cambiar un podio olímpico o mundial por hacer que se mantengan esos tres valores en nuestro deporte no dudaría en hacerlo porque de eso se trata el espíritu mismo del hockey”, puntualizó Sergio Vigil, un nombre con experiencia y calidad confirmada.Resultado de imagen para las leonas

Con miras a las elecciones de la CAH

“Tengo un pequeño temor de que las elecciones de abril en la Confederación Argentina de Hockey (CAH) puedan dividir a un deporte que siempre ha sido un ejemplo”, fue la frase de Sergio Vigil con respecto a la actualidad del hockey argentino y a las próximas elecciones que determinarán el nuevo presidente de la entidad.

“Espero que queden a resguardo los protagonistas de todo esto que son en primer lugar los jugadores y que se conserve el espíritu del hockey por sobre todo”, completó el entrenador millonario.

Sin querer entrar en polémica, Vigil fue claro: “No quiero hablar mucho de este tema” y concluyó una respuesta que marcó el único momento tenso de la charla.

Con la convicción de que el hockey femenino seguirá creciendo, Cachito Vigil por ahora disfruta su lugar de entrenador de River Plate, puesto que lo mantiene con la mente puesta en la Copa de Honor y en el Torneo Metropolitano.

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El Río de la Plata, ese histórico trofeo que se esfumó del BALTC

Guillermo Vilas, dos campeones en Buenos Aires, con el emblemático trofeo
Guillermo Vilas, dos campeones en Buenos Aires, con el emblemático trofeo. Foto: Archivo
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El tenis es más grande cuánto más fuerte es su vínculo con el pasado, cuánta más historia se esconde en un triunfo, un título, un trofeo.

Un ejemplo para entender mejor la idea: Madrid, Miami, Montecarlo y Roma son torneos de igual envergadura, los cuatro corresponden a la categoría Masters 1000, esa que está sólo por debajo de los cuatro certámenes de Grand Slam. Pero no es lo mismo ganar en las canchas de Madrid o Miami que hacerlo en el Monte Carlo Country Club o en el Foro Itálico. Los cuatro reparten muchos dólares, pero sólo en los dos últimos casos hay tradición e historia de la grande.

Otro ejemplo: no es lo mismo ganar un Grand Slam en el maravilloso Melbourne Park que en el court central del All England Club, que, de tanta historia que acumula, tiene incluso las cenizas del mismísimo Fred Perry enterradas en su borde exterior.

Y no es lo mismo ganar el Abierto de Argentina alzando cualquier trofeo… que levantando otro con historia. Pese a estar lejos de las grandes capitales del deporte, el tenis argentino tenía también un símbolo que hundía sus raíces en el pasado y le daba por eso más envergadura a cualquier éxito en el presente. Era el trofeo Río de la Plata, una imponente copa robada en septiembre del año pasado de las vitrinas del Buenos Aires Lawn Tennis Club (BALTC) y que este domingo no podrá formar parte de la ceremonia de premiación en el Argentina Open. El ganador no se la llevaba, pero tenía su foto con el símbolo. Ya no.

«El club nos confirmó que este año no entregará ninguna copa», dijo la organización del torneo a La Nacion, lo que no quiere decir que el campeón se vaya el domingo sin trofeo. No, cada ganador del ATP 250 del que es sede Buenos Aires se lleva una copa… que tampoco es la original, sino sólo una réplica. La copa verdadera queda en manos de la organización que comanda Martín Jaite.

El trofeo Río de la Plata no es cualquier trofeo: data de 1893 y sólo los de Wimbledon y Roland Garros son más antiguos, destaca Nicolás Romani, capitán de tenis del BALTC. «Y es, además, el trofeo que por más tiempo se entregó en forma ininterrumpida, porque los torneos de Grand Slam se frenaron por la guerra».

En el Buenos Aires, un club que en abril celebrará los 125 años de su fundación, hay preocupación por el robo, que ocurrió tras el cierre de un torneo de veteranos. El trofeo estaba guardado en una pequeña vitrina de la sala de bridge. «Cuando hay torneos es un peligro siempre, aparece mucha gente que no es del club», dijo a La Nacion un socio de la entidad. Las sospechas en la tradicional sede del barrio de Palermo apuntan a que una pareja -«un hombre y una mujer»- estudiaron el terreno durante aquel torneo de veteranos e ingresaron al club un día después antes de la salida del sol, en un momento en el que no había vigilancia en las instalaciones.

Haya sido o no así, que el Río de la Plata ya no esté duele en la historia del club. Uno de sus socios, Lucas Possi, envió una carta a Mappin & Webb, la orfebrería londinense que a fines del siglo XIX tenía sucursal en Buenos Aires y fabricó el trofeo. Possi quería saber cuánto costaría una réplica. La respuesta fue un tanto descorazonadora: «Para entregarle una réplica en plata del trofeo dedicado al ganador del individual de tenis masculino de Buenos Aires, incluyendo finos detalles de artesanía a mano (…) y una base de madera con placas de plata, (el costo es de) aproximadamente 19.000 libras esterlinas. Para grabar detalles de la competencia y los nombres de los campeones anteriores, aproximadamente 6.000».

Es decir, 25.000 libras, casi medio millón de pesos. La cifra es demasiado gravosa para un club social, que sin embargo quiere recuperar el trofeo que alzaron jugadores como Vilas, Emerson, Nadal, Santana, Ferrero, Gaudio o Coria, entre otros. «No quisimos apurarnos porque esperábamos que apareciera, pero estamos evaluando propuestas de orfebres y para 2018 probablemente tengamos una copa», aseguró Romani. «La historia continuará».

Luis Díez, presidente del BALTC, siente que el trofeo aún puede aparecer. «Mi esperanza es que no haya sido fundido, sino vendido o guardado para algún coleccionista privado. Puede estar en San Telmo…», explicó a La Nacion. «Es improbable que la hayan robado para fundirla, creo que es más un coleccionista loco que otra cosa».

Recrear el trofeo no es un trabajo sencillo. Hace ya más de una década que la superficie plateada se quedó sin espacio para grabar el nombre del último campeón. Desde entonces estos se inmortalizan en placas en la base de madera.

La esperanza en el BALTC, en definitiva, es que al tenis argentino no le suceda lo que a la Copa Mundial de fútbol con el trofeo Jules Rimet: robado en 1983 en Brasil, 32 años más tarde sólo se encontró un trozo de la base.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1984136-el-rio-de-la-plata-ese-historico-trofeo-que-se-esfumo-del-baltc

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La lesión de Manu Ginóbili, tras dos geniales asistencias

San Antonio Spurs venció a Orlando Magic por 107-79 y se mantienen en el segundo lugar de la Conferencia Oeste de la NBA, con un récord de 43 victorias y 13 derrotas, detrás de Golden State Warriors, que lleva 46 triunfos.

Sin embargo, la noticia estuvo en la lesión de Manu Ginóbili. Cuando faltaban 2′ 44″ para el final del tercer cuarto, el bahiense se torció el tobillo izquierdo y pidió el cambio. Se quedaría con los dos puntos en chancha,  ya que no volvió a ingresar.

Durante los 15 minutos que duró en cancha, Ginóbili (2-2-2) tuvo dos asistencias notables, que despertaron la ovación del público. Primero, fiel a su estilo, no dando una pelota por perdida y salvándola justo con mucho sacrificio. Y la segunda, con un pase de espaldas genial, para la volcada posterior.

En la previa al encuentro ante Orlando, su entrenador Gregg Popovic, lo había elogiado de gran manera a Manu Ginóbili al sostener, entre otras cosas, que merecía tener un lugar en el Salón de la Fama, destacando sus cualidades deportivas y humanas.

Fuente: http://www.infobae.com/deportes-2/2017/02/16/la-lesion-de-manu-ginobili-tras-dos-geniales-asistencias/

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La verdad de Maradona, 30 años después

“La mano de Dios”

Cuando se la di a Valdano, le rebotó y se le fue un poquito alta, con Hodge al lado. Entonces Hodge lo anticipó. Y Hodge comete el error, que para mí no es un error porque en ese momento le podías dar la pelota atrás al arquero, de levantarla para Shilton en vez de revolearla… Si Hodge la hubiera revoleado, la pelota no me llegaba nunca a mí. Nunca. Pero me cayó como un globito, como un globito me cayó. Aaahhh, qué regalito, papá…

“Esta es la mía”, dije. “No sé si le voy a ganar, pero me la juego. Si me lo cobra, me lo cobra”. Salté como una rana, y eso fue lo que no se esperaba Shilton. Él pensaba, creo, que yo lo iba a ir a chocar. Pero salté como una rana, fijate en las fotos; eso es lo que habla de cómo estaba mi cuerpo. Le gané a Shilton porque físicamente estaba hecho una fiera. Él saltó, sí, pero yo salté antes, porque venía mirando la pelota y en cambio él cerró los ojos. Shilton tenía la costumbre de pegarle con los dos puños a la pelota, y para pegarle así se le trabucó un poco. Si te fijás en las fotos, la diferencia que hay de Shilton a la mano mía y a la pelota es grande. Shilton ni aparece y, si te fijás en los pies, yo ya estoy despegando, sigo para arriba, sigo subiendo, y él todavía ni despegó.

Cuando caí, salí enseguida para festejar el gol. La pelota había salido fuertísima. Le di con el puño pero salió como si hubiera sido un zurdazo más que un cabezazo. Llegó a la red y todo. Hice así, tac, y no me podían ver nunca… Miré al referí, que no tomaba ninguna decisión; miré al línea, lo mismo. Y me fui corriendo a festejar. Yo decidí lo que ellos no se animaban a decidir. Bennaceur, después me lo contó, miró al línea. Y el línea, que era un búlgaro, Dotchev, se quedó esperándolo a él: ni levantó la bandera ni salió corriendo para la mitad de la cancha; le tiró toda la responsabilidad, cuando él estaba de frente a la jugada. Después se pelearon entre ellos por eso, creo, porque uno dijo que el otro era el culpable.

Yo seguí corriendo, sin mirar para atrás. Llegó el Checho primero que nadie, pero muy lento, como si viniera pensando “no lo cobra, no lo cobra”. Yo quería que se sumaran más, pero sólo vinieron Valdano y Burruchaga. Es que Bilardo les tenía prohibido a los mediocampistas ir a festejar los goles, porque no quería que se cansaran. Pero esta vez los necesitaba, los necesitaba… Creo que ellos no querían ni mirar para atrás, para la cancha, por miedo a que lo anularan. Cuando llegó el Checho, me preguntó:

—Lo hiciste con la mano, ¿no? ¿Lo hiciste con la mano?

Y yo le contesté:

—Cerrá el orto y seguí festejando.

Enseguida miré para el lugar de la tribuna donde estaban mi viejo y Coco. Les hice un gesto con el puño cerrado y ellos me respondieron con el puño cerrado también. El miedo a que lo anularan estaba todavía, pero no lo anularon. Del gol con la mano no me arrepiento en absoluto. ¡No me arrepiento! Con el respeto que me merecen hinchas, jugadores, dirigentes, no me arrepiento en lo más mínimo. Porque yo crecí con esto, porque en Fiorito yo hacía goles con la mano permanentemente. Y lo mismo hice delante de más de cien mil personas que no me vieron… Porque todo el mundo se quedó gritando el gol.

Le gané un juicio a un diario inglés que tituló “Maradona, el arrepentido”, cosa que jamás se me pasó por la cabeza. Ni ahí, inmediatamente, ni treinta años después… Ni hasta el último suspiro, antes de morirme. Como le contesté a un periodista inglés, de la BBC, un año después: “Fue un gol totalmente legítimo, porque lo convalidó el árbitro. Y yo no soy quién para dudar de la honestidad del árbitro, je”. Lo mismo le dije a Lineker, cuando estuvo en mi casa, en Buenos Aires, para hacerme una entrevista, también para un canal inglés.

Me acuerdo de que me dijo que una jugada así, en Inglaterra, la consideraban trampa, y tramposo al que la hacía. Yo le dije que, para mí, era picardía. Y pícaro el que la hacía.

—¿Por qué dijiste lo de “La mano de Dios”? —me preguntó también.

—Porque Dios nos dio la mano, porque nos dio una mano.

(Yo hice muchos goles con la mano, muchos. En los Cebollitas, en Argentinos, en Boca, en el Napoli. Con el Napoli, después le hice un gol al Udinese, otro a la Sampdoria. El gol al Udinese fue aquel en el que Zico me dijo, en la cancha misma: “Si no decís que fue con la mano, sos deshonesto”. Yo le di la mano y le dije: “Mucho gusto, Zico; me llamo Diego Armando ‘Deshonesto’ Maradona”).

—Yo le echo la culpa al referí y al asistente, no a vos —me dijo—. Y el segundo gol fue la primera y única vez en toda mi carrera que tuve ganas de aplaudir un gol de rival…

Casi le di un beso en la boca cuando me confesó eso.

—Es el gol de los sueños, el gol de los sueños. Nosotros, los futbolistas, siempre soñamos con anotar el mejor gol de la historia. Lo soñamos y lo tenemos en la cabeza… Y la verdad fue que, para mí, hacer ese gol fue fantástico. Y en el Mundial Mexico 86, ¡increíble!

—Muchos dicen que ganaste ese Mundial solo, que no tenían un buen equipo. ¿Qué pensás?

—Teníamos un gran equipo. Un buen equipo que se fue armando con los partidos, por la inteligencia de los jugadores, y sí… se volvió mucho mejor por mi presencia, ¿para qué te voy a mentir? Yo reconozco eso. Pero le agregué y lo agrego: también estoy convencido de que yo no gané el Mundial solo, es un hecho. Sin la ayuda del equipo podría haber ganado el partido contra Inglaterra, tal vez, pero no todos los que ganamos.

Yo sé que soy más ídolo en Escocia que en cualquier otro lado por ese gol, por el primero. En esos lugares donde no los quieren a los ingleses, soy Gardel. Ahí, soy más genio que en Fiorito. Sé que los escoceses inventaron un himno, que cantan en la cancha cuando juegan contra los ingleses. Y yo no entiendo nada de inglés, pero algo de que les metí la mano dicen. Y cuando lo cantan, se los ve felices a los escoceses. Para mí, eso sí, fue como robarle a un ladrón: creo que tengo cien años de perdón.

(…cuando lo volví a ver (al árbitro), muchos años después, cuando yo ya vivía acá, en Dubái, y me recibió en su casa de Túnez, pareció un tipo encantador. “Volvería a convalidar el gol, Diego, volvería a convalidarlo”, me dijo. “Porque yo no lo vi, pero mi asistente tampoco. Dotchev no lo vio, y él estaba mucho mejor ubicado que yo, así que no lo pudo haber visto nadie… Ni siquiera cien mil personas en la cancha lo vieron”. Divino, Bennaceur. Me dio mucha ternura. Me abrió las puertas de su casa, muy humilde, vestido con una túnica gris. Cero rencor, cero. En el gimnasio de mi casa tengo un cuadro con la foto del gol con la mano y otra saludándolo a él, antes del partido, en el encuentro de los capitanes. Le pedí que me la dedicara y todo).

No (creo) que yo era Dios ni que mi mano era la de Dios: (sino) que la mano de Dios, pensando en todos los chicos destrozados en Malvinas, era la que había hecho ese gol. Eso es lo que siento hoy, treinta años después.

El mejor gol del mundo

La verdad es que después de ese primer gol nosotros nos atrevimos a atacar a Inglaterra… A partir de ahí, cambió todo.

Sé que Peter Reid declaró en un documental que tiene pesadillas con ese partido, que todavía se despierta todo transpirado en la noche. Pero cuando me encontré con él —y no fue una sola vez—, me habló del segundo gol, no del primero. Siempre me habla de ese gol… cara a cara, me dijo así: “Yo, cuando vi al potro salvaje que agarró velocidad, no pude más y me tiré al medio, solo. Me entregué”. Si ven el gol de nuevo, como a mí me lo hicieron ver millones de veces, se van a dar cuenta de que eso es cierto. Lo estoy viendo ahora, mientras recuerdo. Ahí está, ahí está cuando Reid me deja. Qué momento…

La jugada nace en un pase de Enrique… el pase del Negro es fundamental. ¿Qué pasaba si le erraba por medio metro, eh, qué pasaba? Yo no la recibía como la recibí y no podía girar como lo hice, para sacarme a dos de encima, a Beardsley y al pobre Reid. En el giro ya me saco a dos, vayan contando, y había quedado Hodge por ahí, pero Hodge no marcaba a nadie… Enseguida se ve cómo Reid me abandona cuando yo ya estoy lanzado, corriendo desde la derecha hacia el arco, dos metros más allá de la mitad de la cancha. Eso es lo que cuenta él del “potro salvaje”, ese momento. Entonces me sale Butcher por primera vez. Yo le amago a irme por afuera y engancho apenas para adentro. Pasa de largo, el inglés, que gira y me empieza a perseguir… Yo lo voy sintiendo a él, atrás, a mi derecha, como si me estuviera respirando en la nuca. Y también los veo a Valdano y a Burruchaga que me vienen pidiendo la pelota por el otro lado, por la izquierda, pero ¡ni loco se la voy a dar, ni loco! Si la pelota la traía yo desde mi casa…

Entonces me sale Fenwick. Y acá quiero hacerles un homenaje a los ingleses. Miren que no soy de regalarle nada a nadie, pero si hubiese sido contra otro equipo, ese gol no lo habría hecho, ¡no lo habría hecho! Me hubiesen volteado antes, pero los ingleses son nobles. Fijate, fijate la nobleza de Fenwick, que me tira el manotazo, pero no me lo tira en la cara… Me tira el manotazo a la altura del estómago, lo mismo que si me acunara como a un bebé. Nada. Ni lo siento, además de la velocidad y la potencia que traía… Por eso digo que si hubiese sido contra otro equipo, quizás hoy no estaríamos viendo este gol. Después me leyeron por ahí que él dijo que estaba condicionado por la amarilla del primer tiempo, que tuvo que decidir en un segundo si hacerme foul o no, y que lo expulsaran. Cuando se decidió, me parece, la pelota ya estaba adentro. También dijo que, si me encuentra, no me daría la mano, pero yo creo que sí, que me daría la mano y hasta un abrazo.

Butcher sí me tira un patadón. ¡No se imaginan lo que fue la patada de Butcher! Me da abajo, a ver si me podía levantar y tirarme a la mierda. Pero yo llego tan armado ahí que cuando la toco tres dedos para mandarla adentro, me importa tres huevos la patada de Butcher. Lo sentí más en el vestuario el golpe: ¡cuando me miré el tobillo no lo podía creer, lo tenía a la miseria!

…defino como el Turco me había dicho que hiciera… Resulta que cinco años antes, en el 81, durante una gira por Inglaterra, en Wembley, yo había hecho una jugada muy parecida y definí tocándola a un costado cuando me salió el arquero… La pelota se fue afuera por nada, cuando yo ya estaba gritando el gol… El Turco me llamó por teléfono y me dijo: “¡Boludo!, no tendrías que haber tocado… Le hubieras amagado, si ya estaba tirado el arquero…”. Y yo le contesté: “¡Hijo de puta! Vos porque lo estabas mirando por televisión…”. Pero él me mató: “No, Pelu, si vos le amagabas, enganchabas para afuera y definías con derecha, ¿entendés?”. ¡Siete años tenía el pendejo! Bueno, la cosa es que esta vez definí como mi hermano quería…

Pero la verdad fue que Shilton me ayuda. Lo peor que hace Shilton, como se ve, es que no me tapa nada. A Shilton no le tengo que hacer ningún amague; le tengo que adelantar la pelota nada más… Hizo cualquier cosa menos taparme como un arquero normal. Cuando lo paso, yo ya sabía que era gol: la toco, tac, cortita, tres dedos para que la pelota entre mansita. Y listo. Ahí sí que salí gritando como loco. No necesité mirar al referí ni a nadie. Sabía lo que había hecho. Corrí por la línea de fondo y, cuando llegué al córner, me encontré con Salvatore Carmando, justo con él. Me abrazó y enseguida llegaron todos los demás. Burruchaga, Batista, Valdano, se olvidaron de los retos de Bilardo: “¡Qué gol hiciste, hijo de puta, qué gol hiciste!”, me gritaban. Cuando estuve con Bennaceur, en Túnez, también me confesó algo del segundo gol. Me dijo:

—Ese gol también lo hizo por mí, Diego.

—¿¡Cómo por usted!? ¿Por qué?

—Porque yo podría haber parado la jugada en el comienzo, cuando me reclamaron una falta. Y después, ya en su carrera, dos o tres veces, por foul, pero usted seguía, seguía, y yo lo acompañaba diciendo “¡Ventaja, ventaja!”.

Claaaro, ley de ventaja, todo el tiempo. Así que también en eso tuvo que ver el tunecino. Y en esta no se equivocó, no se equivocó para nada. Entendió el juego. Me emocionó mucho que él no estuviera enojado conmigo, porque el tipo, en vez de acordarse del peor error de su carrera, se acuerda de que estuvo en ese partido. ¡Cómo no lo voy a querer!

Ese gol para mí tiene música. Y la música es el relato de Víctor Hugo Morales. Ese gol me lo hicieron ver y escuchar en inglés, en japonés, en alemán. Hasta, un día, me hicieron entrar con un video en el que, al final, la pelota se iba afuera. Pero el relato de Víctor Hugo es único. Por eso lo copio y lo pego acá. Porque hasta leyéndolo es como si lo estuviera escuchando. Y vuelvo a emocionarme, como la primera vez. “La va a tocar para Diego: ahí la tiene Maradona; lo marcan dos, pisa la pelota Maradona. Arranca por la derecha el genio de fútbol mundial, y deja el tercero ¡y va a tocar para Burruchaga! Siempre Maradona… ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… ¡Goooooolll! ¡Goooooolll! ¡Quiero llorar! ¡Dios santo! ¡Viva el fútbol! ¡Golaazo! ¡Diegooooo! ¡Maradooona! ¡Es para llorar, perdónenme! Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos, barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste? Para dejar en el camino tanto inglés, para que el país sea un puño apretado, gritando por Argentina… Argentina dos, Inglaterra cero. ¡Diego, Diego, Diego Armando Maradona! Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este… Argentina dos, Inglaterra cero”.

Ese relato y las palabras de mi viejo, después, fueron un premio. Un premio como la Copa del Mundo. Mi viejo nunca fue de regalarme elogios o decirme “qué bien que le pegaste a la pelota” o “qué buen pase metiste”. Pero después del partido contra Inglaterra, cuando nos encontramos, me dio un abrazo y me dijo: “Hijo, hoy sí que hiciste un golazo”. Y me contó que se desesperaba mientras miraba la jugada, porque pensaba que no iba a patear nunca, que me iba a caer o que me iban a voltear…

Entonces terminé de tomar conciencia de que lo que había hecho, eso que había hecho, seguro que había sido algo muy pero muy grande. Tan grande que pensamos que todo se había terminado ahí. Y no, no se había terminado. ¡Iban diez minutos del segundo tiempo, nada más! Nos dormimos, nos confiamos, nos pasó eso que yo no quería que nos pasara nunca.

Y los ingleses empezaron a tirar centros que caían como bombas. Mirá, mirá: Nery le saca un tiro libre a Hoddle, que le pegaba bárbaro, yo lo conocía bien. Y también lo conocía a Barnes, todos lo conocíamos a Barnes. Explicame cómo Bilardo no pone a nadie para marcarlo, ¡a nadie! Lo deja al Gringo Giusti, que tenía menos marca que yo, y lo pone al Chino Tapia por Burru, para tener más la pelota. Pero el “grone” empezó a hacer desastres por la izquierda, lo desbordaba siempre al Gringo… Y pasó lo que tenía que pasar: mandó el centro, se resbaló Nery, el Cabezón lo perdió a Lineker, que cuando tenía una te vacunaba, y Lineker nos vacunó. ¿¡Qué necesidad teníamos de sufrir, explicámela, qué necesidad!?

Ahí me di cuenta de que tenía que agarrar la pelota de nuevo, que teníamos que empezar otra vez. Y, fijate, no esperé nada: apenas salimos de la mitad de la cancha, aproveché que los ingleses estaban cebados, que se nos venían con todo, y salí haciendo la calesita, la misma o parecida a la del segundo gol. Lo busqué al Chino, que para algo lo había puesto Bilardo, y nos salió una pared bárbara. Y Tapia le pegó al arco con tantas ganas, con tantas ganas, que hasta se desgarró… Pero pegó en el palo, la puta madre.

Y volvieron a atacar los ingleses. Y siempre por allá, por la izquierda, porque veían el negocio, ahí donde Barnes se le iba a siempre a Giusti y se le iba a Enrique también, que había bajado para ayudar. Pero nada, no lo podíamos parar. Enseguida, se dieron jugadas de futbol parecidas, muy parecida a la del gol, fijate. El Negro Barnes desborda, tira el centro, la pelota roza en el Negro nuestro, Enrique, y se levanta, se levanta… Pasa por arriba de Pumpido y cae como un misil en el segundo palo. Y es ahí donde aparece la otra jugada de Dios, la nuca de Dios. El Vasco Olarticoechea se tira en palomita para adentro del arco, con Lineker acostado arriba de él. Y la saca, no me preguntes cómo, pero la saca… Nos salva a todos, lo salva a Bilardo. ¿Qué se hubiera dicho del cambio que no hizo si esa pelota entraba? ¿Qué se hubiera dicho de los desbordes del Negro Barnes? Tendría que haber entrado Clausen, viejo, tendría que haber entrado Clausen, cualquiera se daba cuenta. Por suerte, por suerte Bennaceur se apiadó de nosotros. Y casi no dio tiempo suplementario.

Yo salí corriendo como loco para el banco y… en el vestuario, después del partido, me daban cada beso, ¡me daban cada beso! Pero me daban besos de amor, en serio. En ese momento, sí, me sentí el mejor futbolista del mundo. Lejos.