¿Industria Musical Vuelve a Invertir en Rock Clásico?

A medida que los monumentales del género contemplan el retiro, las compañías sueñan con maneras más innovadoras para darles nuevo costo a los antiguos sonidos

Jeff Jampol manejó los legados de artistas como The Doors, Janis Joplin, Kurt Cobain y Tupac Shakur. Empero aquello no impidió que generara mucho dinero, sea con una exhibición itinerante del arte visual de Cobain, con la biopic de los Doors en 1991 (que triplicó las ventas de su catálogo) o con el documental de 2015 Janis: Little Girl Blue, sobre Joplin.

Jampol compara el legado de un artista con una chimenea oscura y gélida con 5 o 6 fósforos en la repisa. Cada uno representa un instrumento que puede encender un nuevo interés por la banda: libros, docuseries, musicales de Broadway, biopics.

Hasta ahora, íconos del rock tradicional vivitos y coleando como los Rolling Stones, Paul McCartney y Bob Dylan no han tenido que preocuparse por sus llamas. Con giras, merchandising y tácticas de marketing capaces para desplazar sus catálogos se mantuvieron bastante más de 6 décadas. Es en aquel instante que un conjunto o artista, y los grupos con los que trabajan, se confrontan con una pregunta importante: ¿cómo alargar la carrera o inclusive superar su punto más alto?

Entre los artistas y los inversores, con un conjunto de superestrellas del rock tradicional cada vez más antiguas y la ineludible ola de retiros en el horizonte, se desencadenó una suerte de fiebre dorada. Diversos empresarios se sumaron a la lógica de Jampol, procurando de crear novedosas maneras de explotar el legado de estrellas de rock. Ciertos inversores firmes gastaron centenares de millones de dólares en los derechos de catálogos; otros utilizan TikTok y desarrollan tecnologías como los hologramas.

Si bien hoy la tecnología es nueva y la proporción de dinero más enorme que jamás, el rock trató de agrandar sus seguidores y conservar a sus artistas más grandes en el ojo público a partir de los inicios, ejemplificando con los documentales sobre Monterey Pop Festival y Woodstock, con biopics, biografías, docuseries, musicales, residencias en Las Vegas y museos itinerantes.

Los artistas hicieron todo lo viable para capitalizar sus lucrativos derechos. Sin embargo en los últimos meses, claramente una vez que las giras no eran probables, Bob Dylan, Neil Young, Paul Simon y David Crosby, al igual que Stevie Nicks, Lindsey Buckingham y Mick Fleetwood de Fleetwood Mac, vendieron sus canciones a inversores externos. Los Beach Boys y Linda Ronstadt brindaron un paso más y vendieron los derechos de su nombre e imagen, o sea que casi todo el dinero creado por remeras, bolsas, potenciales biopics y musicales de Broadway por el momento no irá para ellos.

Además está el elaborado de que los artistas anhelan ordenar sus herencias a medida que aún tienen la posibilidad de tomar elecciones. Uno de los jugadores más pesados en este campo es Merck Mercuriadis, cuya nueva compañía Hipgnosis hace poco compró los catálogos de Young, Buckingham, Shakira, Jimmy Iovine y varios otros.

Sin embargo David Fishof, fundador de Rock and Roll Fantasy Camp, plantea que los hologramas tienen la posibilidad de ser más atractivos para la siguiente ola de rock tradicional, miembros de la Generación X criados con dicha tecnología.

Quiénes hicieron clink caja

Varios íconos del rock se preparan para el retiro vendiendo sus derechos, en convenios de bastante más de 100 millones de dólares con inversores que permanecen rompiendo récords de la industria de la canción

Bob Dylan

Le vendió el catálogo a Mundial, en teoría por bastante más de 300 millones de dólares, el más grande consenso de la historia.

Lindsey Buckingham

Tras un ataque cardíaco y la división de Fleetwood Mac, vendió su catálogo de 161 canciones a Hipgnosis.

Jimmy Iovine

El productor le vendió su colaboración en obras de Bruce Springsteen, Tom Petty y Patti Smith a Hipgnosis.

Beach Boys

El conjunto le vendió su propiedad intelectual (incluyendo la marca Beach Boys) a Iconic Artists Group de Irving Azoff.

Paul Simon

Le vendió todo su catálogo de canciones, a partir de la era de Simon and Garfunkel, a Sony Music Publishing.

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